¿De qué te quejas?

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¿De qué te quejas?

“No podrás cambiar nada en tu vida hasta que no cambies algo que hagas todos los días.
El secreto del éxito se encuentra en la constancia de tu rutina diaria”
John C. Maxwell

 

Nuestra vida es consecuencia directa de los hábitos que adoptamos. Los seres humanos somos animales de hábitos.

No lo dudes, tu cerebro es un yonki del piloto automático y lo que más le gusta, su droga dura, es tener hábitos. Tener automatizadas la mayoría de las acciones del día a día es su mayor alegría. Su heroína es saber qué va a pasar después. Por ello, si consigues incorporar unos buenos hábitos tu vida cambiará porque una vez incorporados lo que te resultará difícil será cambiarlos.

Creo mucho más en los buenos hábitos que en las buenas acciones aisladas, por buenas y grandes que sean. De hecho, creo que sólo hay una forma de tener una buena vida y es teniendo unos buenos hábitos.

Tenemos miles de pensamientos cada día… y repites el 70% de los pensamientos del día anterior. Somos lo que hacemos cada día.

¿Te has parado a pensar sobre qué tratan los tuyos? Cada uno de nosotros tiene una serie de pensamientos favoritos, una serie de patrones mentales por defecto.

¿Sobre qué tema te sueles quejar más?, ¿Es el trabajo?, ¿La familia?, ¿La salud?…

Como dice el proverbio, si tiene solución, ¿de qué te quejas? Y si no la tiene… ¿de qué te quejas?

¿Eres consciente de la cantidad de energía que pierdes cuando te quejas?
Tomar una decisión consciente sobre estos pensamientos, desde mi punto de vista, es lo único que puede marcar una diferencia entre la vida que deseas y la que no deseas.

Quejarnos se ha convertido en una epidemia. ¿Has notado como cuando nos quejamos del clima, de la seguridad, de nuestro cuerpo, de la gripe que tenemos, de que el dinero ya no alcanza y demás, lo único que conseguimos es sentirnos peor? Y si al menos sirviera para solucionar algo… Pero todo lo contrario. Significa enfocar nuestra atención y energía en las cosas que NO queremos en lugar de las que SÍ queremos.

El problema de estar siempre quejándonos es que acostumbramos al cerebro a emitir mensajes negativos y a ver sólo el lado oscuro de las cosas. Además conectamos con energía de muy baja frecuencia y nos encontramos fatal. Cuando somos optimistas nuestra energía sube y tenemos ganas de actuar en el mundo y de hacer felices a los demás.

¡Esta semana te propongo que te des un capricho y declares una semana libre de quejas! Demanda ayuda concreta, solicita un brainstorming para encontrar posibilidades al respecto de lo que te inquiete pero por favor, no te quejes. Haz algo al respecto o acéptalo sin más, recuerda que quejarte te debilita a ti y a la persona que tienes enfrente.

Y te preguntarás… ¿Siete días sin quejarme? ¿No parece mucho, verdad? Si estás atento te sorprenderá darte cuenta de que prácticamente todos los días acabamos quejándonos pero recuerda que el dolor no se puede evitar pero el sufrimiento sí.

“A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás, le dijo el Maestro:
Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra.”
Escribió Anthony de Mello. Un autor necesario.

Feliz vida repleta de sentido y sin quejas

Muy feliz y presente semana